EL RINCÓN DE MIKE Y ALBERTO

No es difícil que dos amigos tengan aficiones comunes, en parte de ahí puede venir la amistad. Pero sí es más complicado que la afición común les envenene a los dos de la misma forma y con la misma intensidad. Eso es lo que nos pasó a nosotros con la bicicleta. Empezamos juntos, fuimos aprendiendo, mejoramos, nos planteamos nuevos retos, y llegó un momento que uno decía :“pues podíamos este domingo ir a…” y el otro decía “pues no faltaba más”, y nos íbamos a hacer la vuelta de las Abaurreas. Y volvíamos de dar una vuelta con el club y uno decía: “pues podíamos alargar un poco” y el otro decía “pues no faltaba más”, y caían otro par de horas y llegábamos de noche a casa.
Salimos con la Btt, últimamente salimos mucho con la de carretera, y espérate que no terminemos saliendo en tándem, o haciendo duatlones, o vete tú a saber. Éste año estamos preparando varias cosas, algunas juntos, otras no, y en este rinconcito queremos contaros los momentos buenos, los menos buenos, las chorradicas, la épica de la bici, las globeradas y lo que se nos pase por la cabeza y se pueda contar. Va por ustedes!!

miércoles, 28 de marzo de 2012

Fin de semana de carga


Cuántas veces subo por aquí al año?
Quedan tres semanas para mi debut (o en lo que se convierta) en el triatlón de larga distancia, y sigo apurando sesiones de entrenamiento sacando tiempo de donde se puede, que suele ser de las horas de sueño y del asueto del fin de semana. Durante los próximos días no voy a poder tocar la bici, así que tras valorar si acompañaba al gran Carlos al Duatlón de Alsasua el sábado, decidí que no, que me venía mejor una buena carga de kilómetros, sólo y en grupo. Por cierto, un fenómeno, hizo un tiempazo en el duatlón y no contento con eso, al día siguiente a la media maratón de Sabiñánigo. Mi admiración más sincera para los restos.


El viernes salí de trabajar como un potrillico, un poco picado aún con que el único día de lluvia de los últimos tiempos coincidiese con la única mañana libre desde ni sé entre semana que podía tener, lo que convirtió una salida de fondo en un ver la lluvia desde la ventana. Aproveché para llevar la bici al taller y que ajustasen los cambios, los frenos, engrasar, localizar la cadena debajo de la costra invernal, en fin, lo típico. Y para ponerle un acople de tri, de los cortos, para ir probando. Así que el viernes repito, tras trabajar, habiéndome comido un tuper de guisantes con atún (o sea, lata de guisantes, lata de atún, aceite y sal) me acoplé a la bici y salí a hacer un tontódromo para batir marcas de velocidad. Antes de llegar a Gabarderal ya se me habían reventado los tríceps en la nueva postura, que es exigente si no te has puesto nunca con ella. Así que voy alternando y mantengo intensidad, con un rodar decente. Sigo hacia Liédena, me encabrito y tiro hacia el chocolatero, subida con un kilómetro al 9% camino a Yesa. A los pies de Javier el combustible de los guisantes se esfumó, y apajarado como pocas veces (mucho calor, demasiada ropa) me como una barrita debajo de un pino. Hay que decir que por la mañana había hecho una tirada suave corriendo de diez kilómetros, y tras la bici quería piscina para hacer la tercera sesión del día. Lo cambio por cocacola con mi mujer y mi hija tras dos horas y cuarto de bici y setenta y cinco kilómetros.
El reloj adelanta...son las siete. Dónde irá éste, piensan los bichos

El sábado otro madrugón, aprovechando que aún amanece pronto antes del cambio horario. Pero me noto flojillo aún y sin recuperar del viernes, así que me lo tomo con calma. Encaro la recta de Sos tras hacer mi tontódromo querido y al fondo veo un ciclista avanzando hacia mí. A trescientos metros frena, derrapa para cambiar de dirección, casi se hostia y me espera. No me puedo creer que el gran Mike haya madrugado más que yo!!! Ya viene del alto de Uncastillo, el tío. Hace mucho que el dúo corcho pan no coincide, así que durante media horita nos ponemos al día de batallas cascantinas y demás, y mientras él se retira yo decido hacer un poco más hasta los noventa, quedando en vernos al día siguiente para salir con el grupo. Igual que el día anterior, la piscina tendrá que esperar.
Por fin he subido Mamillas! En el fondo, nos gusta a todos

El domingo, quince tíos con sus bicis en el Práu, a pesar de la hora menos de sueño. Mi idea es hacer un par de horas y hoy sí, ir a nadar. Encaramos hacia Lumbier y el puerto de Iso para hacer la vuelta de las Coronas. Pero arriba de Iso Mike y yo nos despistamos, hemos bajado a buscar al grupo y en la subida nos sacan algo de ventaja, bajan por la parte nueva y nosotros por la vieja. Ya está liada, no voy a dejar sólo a Latorre, así que a toda leche a ver si les pillamos antes de Navascués. Nada. Paramos a meadica antes del puerto y una barrita. Empezamos a subir a ritmillo pero charlando. Es un puerto abierto tras los dos primeros kilómetros, y de repente vemos que el grupo está en la parte media de la ascensión. Se acabó la charla, apretamos y para arriba, cogemos a los últimos justo antes de coronar.

Pasamos por Burgui a toda leche, y se decide terminar la vuelta subiendo por Ruesta hacia Sos. Para mí va a ser mucho, así que cuando Juan Pedro e Ignacio dicen que se vuelven por el pantano, digo adiós apresuradamente y me voy con ellos. Mucho tráfico, los tres de a uno y a relevos y ritmo alegre. Ignacio nos acompaña hasta Javier y vuelve a su casa a Yesa, terminando la vuelta con Juan Pedro en amena charla. Un placer, y 115 kilómetros en cuatro horas y diez, llego justo a casa para preparar la comida. Para cuando llegan los de Ruesta yo ya estoy en el café.

El lunes, estirar y recuperar. El martes hay sesión triple. Corro 21 km. y nado 1.900 m. antes de ir a trabajar, ando en bici 73 km. a la hora de comer, vuelvo a trabajar y llego a casa a las nueve de la noche. Para el próximo post.

Alberto 4C.

1 comentario:

  1. Y encima, aún tiene tiempo el tío para escribir en el blog. Animo.

    ResponderEliminar